Reseña: Fast & Furious Crossroads, un arcade de carreras sin personalidad para Xbox One, PS4 y PC

Había potencial, pero terminamos con una entrega lineal, acartonada y carente de emociones.
Ayax Bellido
Foto: Bandai Namco

Si Fast & Furious ha sido una de las franquicias del entretenimiento más rentables en las últimas décadas, se lo debe en gran parte a que sus entregas mezclan todo aquello que los fanáticos de la acción buscan en un producto: velocidad, adrenalina, violencia, hazañas imposibles, momentos emotivos y hasta una dosis de humor. El nuevo título Fast & Furious Crossroads desarrollado por Slightly Madm, publicado por Bandai Namco y disponible en Xbox One, PlayStation 4 y PC, intenta tomar los pilares que han sido la base de la historia de Toretto y compañía a lo largo de estos años: en principio el potencial era muy grande, pero en el camino algo salió mal y terminamos con una entrega lineal, acartonada y carente de emociones.

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Fast & Furious Crossroads nos pone frente a un grupo de amigos que terminarán viéndose involucrados con una antigua y poderosa organización criminal. La única forma de salir de este embrollo, será al modo clásico de la franquicia: conseguir veloces autos y enfrentar adversarios en el asfalto a través de carreras clandestinas y dramáticas persecuciones donde contaremos con la ayuda de viejos conocidos.

La premisa ilusiona y nos hace pensar que estamos por vivir toda la emoción e intriga que solemos ver en las películas de Universal Pictures, sin embargo, la desilusión no tarda en llegar cuando algunas de las características elementales del videojuego comienzan a flaquear desde el primer momento, dejando de manifiesto las malas decisiones que se tomaron en el desarrollo de este juego, y lo apresurado que terminó por ser el mismo.

Un 20% ángel, un 80% demonio

La historia de Fast & Furious Crossroads comienza con Dom y Letty, dos de los personajes más queridos de la saga, en una persecución a gran velocidad a través de un desierto para capturar a un miembro de una organización secreta de delincuentes llamada Tadakhul. Estos son antiguos ladrones de caminos, pero al parecer en los últimos años se han sofisticado y sus ambiciones son ahora más grandes.

Posteriormente se nos presentarán personajes que son totalmente inéditos, un par de chicas estadounidenses radicadas en Barcelona debido a que tuvieron problemas en las carreras callejeras de Miami años atrás, o al menos así lo dan a entender. Sobre ellas caerá el peso de la narrativa dentro del juego, en una decisión que en lo personal no me ha terminado de convencer por dos razones: la primera, siento que se hubiera podido aprovechar a más y mejores personajes conocidos de la franquicia, añadiendo así valor a la producción. Y en segundo lugar, las dos protagonistas carecen de fondo y relieve en la construcción de sus personajes, con diálogos vacíos, forzados y hasta cierto punto absurdos.

Foto: Bandai Namco

Es así, que desde las primeras misiones el título ya va dejando un sabor de boca bastante agridulce. Da atisbos de que la narrativa será propia de la franquicia con carreras callejeras, ladrones de caminos, asaltos a camiones, hazañas inverosímiles, pilotos fantásticos y tecnología vanguardista de un bando y otro. Todo aquellos elementos que hicieron que toda una generación se volviera fanática de Fast & Furious, se intentan incluir en la historia desde el primer momento, en algo que lamentablemente termina por ser solamente una buena intención, pues el juego rápidamente saca a relucir los problemas de diseño y jugabilidad, haciendo que todo el encanto se pierda por completo.

Ni rápidos, ni furiosos

Diseño y jugabilidad son los dos grandes apartados donde Fast & Furious Crossroads ha quedado a deber. No termina por ser un simulador de carreras, algo que esperábamos de antemano, pero tampoco integra de buena forma los elementos arcade, por lo que se queda en medio generando confusiones y sin lograr cautivar tanto a gamers que buscan el realismo en los juegos de autos, como a jugadores más casuales dentro de los mismos.

Foto: Bandai Namco

Desde el primer momento los problemas son evidentes, como una barra de vida en la pantalla que hasta ahora no sé sí indica que el personaje esta por morir o si el coche está por descomponerse.

Respecto a la dificultad es un juego muy sencillo, lo que provoca que no haya altos grados de concentración y por ende, que prácticamente no exista compromiso por parte del jugador pues no termina por representar un desafío. Si a esto le aunamos que para ser un juego de carreras carece de interacción en todos los sentidos, resulta sencillo que como usuario te canses rápido del título y dejes el control para una mejor ocasión o simplemente cambies de juego. Y es que en ese sentido, Crossroads toma el rol de una película para ofrecer un show predeterminado que en ningún momento  invita al jugador a crear su historia.

Foto: Bandai Namco

Por otro lado, las mecánicas de juego carecen de profundidad, pues no existe un sistema de puntaje característico de los juegos de carrera arcade, ni flexibilidad en las acciones o apertura en el mapa para implementar tu propio sistema de rutas, mucho menos pensemos en un mundo abierto con la posibilidad de personalizar nuestro vehículo. Todo ha sido escrito, y nosotros no tenemos más que seguir un guión que para ser honesto termina por ser bastante soso.

Los controles nunca terminan por cuajar, ya que todos y cada uno de los movimientos del coche resultan exagerados, ya sea acelerar mientras activas el nitrógeno o embestir a tus perseguidores, todo luce completamente artificial. De hecho, básicamente no hay nada que analizar del comportamiento del auto, algo que es alarmante cuando de un juego de carreras se trata. No hay ni la más mínima atención por parte de los desarrolladores a la implementación de detalles elementales dentro de los juegos del género, como la suspensión o los frenos del coche, o las reacciones de la Inteligencia Artificial.

Foto: Bandai Namco

¿Es en juego de octava generación?

Desafortunadamente, Fast & Furious Crossroads tampoco logra destacar en lo audiovisual. El apartado gráfico que presenta hace que te preguntes sí de verdad se trata de un juego que se ha lanzado en el ocaso de la octava generación de consolas y en verdad deja mucho que desear en todos los sentidos.

Algunos de los personajes han sido recreados con base a los actores principales de la franquicia, sin embargo el modelado luce arcaico, con animaciones acartonadas y texturas toscas que terminan por dar una mala sensación. Los automóviles y los escenarios en general sufren el mismo destino, en algo deprimente pues el juego abarca algunos modelos de coches interesantes, además de que corremos en ciudades como Barcelona, Nueva Orleans, Miami o en el desierto al norte del África, por lo que una mejor recreación sin duda hubiera sido un punto muy a favor del juego.

El sonido tampoco es algo que pueda rescatarse, pues el rugido emitido por los autos al acelerar a toda velocidad se escucha muy genérico, e incluso contando con las voces de Vin Diesel, Michelle Rodriguez y Tyrese Gibson para sus respectivos personajes, pareciera que las actuaciones fueron hechas al vapor, con desgana y sin una dosis de inspiración.

Foto: Bandai Namco

Siempre he pensado que los juegos de carrera son de los más nobles dentro de la industria pues sus dinámicas dan para satisfacer a todo tipo de jugadores, y es por ello que en los últimos años hemos encontrado entregas de lo más variadas en el género. Todas ellas, con menor o mayor calidad mejoraron alguna mecánica, innovaron en un sistema de juego, pulieron determinado elemento con relación a sus antecesores o simplemente apostaron a la segura para intentar entregar un producto entretenido. Fast & Furious Crossroads no hace nada de esto y simplemente se limita a ser una especie de película interactiva de aproximadamente 7 horas de duración, en la que ni siquiera terminas divirtiéndote pues la jugabilidad ha sido implementadas de tal forma que resulta un auténtico calvario terminarlo.

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