Reseña – Dying Light 2: Stay Human, una propuesta ambiciosa a la que le falta inspiración

Dying Light 2: Stay Human presenta una experiencia de supervivencia que a priori es interesante, pero que en ejecución carece de creatividad.
Ayax Bellido
Es el momento de sobrevivir | Imagen: Techland

No es ningún secreto que muchos juegos se vieron comprometidos por la pandemia ocasionada por el COVID-19, provocando así múltiples retrasos de títulos que de por sí ya eran muy esperados por los gamers. Uno de ellos fue Dying Light 2: Stay Human, que parecía más lejano que la mayoría y que incluso nos hizo preguntarnos si esta secuela llegaría alguna vez… pero como no hay día que no llegue y fecha que no se cumple, la entrega desarrollada por Techland finalmente ha aterrizado en consolas de Xbox, PlayStation y en PC.

Y si, entre retrasos y una campaña de marketing bastante ambiciosa, la expectativa con Dying Light 2 era muy alta, y ahora que finalmente hemos tenido la oportunidad de probarlo podemos decir que se trata de un juego que durante las primeras horas puede parecer bastante emocionante, pues nos permite juguetear en los tejados de una ciudad con ambiente post apocalíptico al tiempo que libramos a las diferentes hordas de zombies que esperan a que la luz se vaya y caiga la noche para atacar con todas sus fuerzas, pero que lamentablemente, mientras avanzamos se va diluyendo entre un sistema de progreso y mecánicas de juego que se sienten insustanciales e ingrávidas, aunado a una historia acartonada y carente de inspiración

No es que Dying Light 2: Stay Human sea un juego malo o completamente olvidable, solo que uno queda con la sensación de que se ha quedado bastante corto en relación a lo que prometía antes de su estreno, y a lo que incluso presenta durante sus primeras horas de juego. La luz está por desaparecer y la lucha por seguir siendo humano está a punto de comenzar, por lo que te invitamos a que te quedes a leer nuestra reseña.

Mantente humano

Dying Light 2: Stay Human es protagonizado por Aiden, miembro de un grupo marginado conocido como los Peregrinos. Estos deambulan por el mundo y se les compara con los forajidos del Viejo Oeste, por lo que no son muy bien recibidos por los humanos de las pocas ciudades que aún se mantienen en pie tras la pandemia del virus Harran, el cual ha convertido a la humanidad en una especie de zombies capaces de devorar a cualquier ser vivo que encuentren en su camino, y que solo pueden ser derrotados con golpes letales a la cabeza o con la luz ultravioleta que irradia el sol o unas lámparas especiales de tono morado.

Tras una breve introducción, Aiden llega a la ciudad de Villedor donde busca a su hermana Mia, quien es la clave de un pasado que nuestro protagonista no es capaz de recordar de forma nítida. Lamentablemente, en su camino Aiden se verá infectado por el virus, y es donde comenzará su lucha por reencontrarse con su pasado, y al mismo tiempo, por mantenerse humano.

Aiden Caldwell posee una agilidad nata y excepcional que le permite realizar maniobras de parkour a través de la ciudad, y al infectarse también adquiere brutales habilidades de combate que lo convierten en un poderoso y valioso aliado dentro de un mundo peligroso. Es capaz de lograr cosas que nadie más puede y entrar a lugares a los que nadie más se atreve, por lo que rápidamente se convierte en un agente de cambio dentro de una metrópolis en decadencia.

Imagen: Techland

Todo lo ocurrido en Dying Light 2 se encuentra ambientado en una ciudad de Europa del este llamada Villedor, uno de los últimos bastiones que siguen en pie para la humanidad, aunque claro, eso no evita que la urbe se encuentre repleta de infectados que harán que las calles se vuelvan prácticamente intransitables, y que moverse por los tejados sea la única forma de cubrir lo largo y ancho del mapa.

Respecto a la parte visual, Villedor es un hermoso tapiz digital que nos regala algunos paisajes que en verdad vale la pena contemplar, en lo que sin duda ha sido uno de los grandes aciertos de Techland respecto al desarrollo. Sin embargo, cuando dejas de apreciar el entorno apocalíptico y comienzas a sumergirte en esta ciudad ficticia, el espacio se siente como algo vacío y desabrido dotado con un aluvión de botines que puedes recoger para crear objetos que no te importarán, con lugares que no querrás visitar para obtener puntos de experiencia que tampoco sabrás en qué usar.

Imagen: Techland

Bastarán unas cuantas horas dentro de la ciudad para que aparezca una mueca en tu rostro que delate la sensación de que todo es repetitivo. Y es que se trata de un territorio que busca alimentar su bien representada arquitectura con las historias que van contando sus habitantes, pero lamentablemente, el guion es muy flojo en ese sentido, lo que hace que Villedor vaya perdiendo su encanto inicial conforme pasan las horas y transcurren los días.

Y lo mismo ocurre con la historia del propio Aiden, en una narrativa que muestra algunos tintes de intriga en sus primeros compases, pero que termina por diluirse y ahogarse entre un montón de personajes y misiones secundarias que tienen poco y nada que aportar. Para cuando Dying Light 2: Stay Human intenta llegar al clímax de su desarrollo narrativo, al menos yo, ya me sentía lo suficientemente agobiado por el juego como para tener un interés genuino puesto sobre una historia repleta de flashbacks y opciones de diálogos intrascendentes.

Imagen: Techland

El camino de la supervivencia

Dying Light 2: Stay Human es un en esencia un juego de supervivencia, por lo que las mecánicas se encuentran totalmente enfocadas a dicha dinámica. Por un lado tenemos un sistema de combate que se siente un tanto torpe y desprolijo, con una jugabilidad basada en el enfrentamiento cuerpo a cuerpo y aderezado con una movilidad mejorada que nos permite lidiar de mejor forma con grandes grupos de enemigos. Sin embargo, para que esto funcione, antes deberás tambalear a un enemigo tras bloquear de forma perfecta uno de sus ataques y que de este modo, muchas de las habilidades de movilidad entren en juego. Estas últimas podrás irlas adquiriendo en un árbol de habilidades (al más puro estilo del juego de rol) que te brinda nuevas destrezas conforme vas obteniendo puntos de experiencia. En ese sentido, lo mismo sucede con las habilidades de parkour, de las cuales hablaremos más adelante.

Una característica nueva (con relación a su predecesor) es el rastreador biológico que encontrarás en la muñeca del protagonista. En Dying Light 2 estarás medianamente seguro bajo la luz ultravioleta, ya sea la natural emitida por el sol o lo artificial que proviene de unas lámparas modernas fabricadas por los propios ciudadanos de Villedor.

Imagen: Techland

Sin embargo todo cambia por la noche, abajo en la oscuridad o en el interior de los edificios abandonados, donde un temporizador comenzará a funcionar hasta que finalmente te conviertas en un zombie. Nunca termine por agotar el reloj del rastreador biológico por completo, pero me ha encantado la forma en que mi pulso se acelera cada vez que llego al último minuto de inmunidad, lo que te hace buscar a toda costa una fuente de luz para evitar el fatal desenlace.

Esto combina a la perfección con el hecho de que ser visto por la noche convierte rápidamente todo el juego en una escena de persecución llena de adrenalina, con infectados que te atacan desde todas las direcciones en una marea interminable que continuará hasta que mueras o llegues a alguna luz ultravioleta. Y es que cuando el tiempo pasa y estás tratando desesperadamente de evitar decenas de zombies, Dying Light 2: Stay Human es una experiencia realmente atractiva. Pero luego la realidad vuelve a aparecer y te golpea fuerte con una escritura débil y el hecho de que la gran mayoría de las misiones que emprendes simplemente no importan. Solo lo estás haciendo por la nada jugosa y poco atractiva recompensa de obtener algunos puntos de experiencia más y así desbloquear habilidades básicas que de antemano ya deberían estar en el juego.

Imagen: Techland

La implementación del parkour me pareció satisfactorio en los momentos tempranos del juego, para tras unas horas comienza a sentirse como algo torpe, con el protagonista Aiden sintiéndose tan ágil como los infectados que nos persiguen obstinadamente en la oscuridad del juego. En todo caso, es un juego de parkour y cuerpo a cuerpo que se siente insatisfactorio y te hace sentir como si estuvieras mareado. Es cierto que saltar de un lado a otro a través de las luces altas y los tejados se vuelve bastante atractivo cuando adquieres algunas habilidades en tu haber, incluidos saltos acrobáticos, pero tomó tanto tiempo llegar a esta faceta del juego que cuando finalmente estuve ahí mi paciencia para las travesuras aéreas se había erosionado por completo.

Para las mecánicas de juego tampoco ayuda mucho la perspectiva en primera persona. Siento que con la posibilidad de tener un enfoque en tercera persona la jugabilidad se habría visto potenciada y su ejecución habría sido menos desgastante a ojos del jugador.

Imagen: Techland

Mucho por hacer, poco que recordar

El sistema de progreso en Dying Light 2: Stay Human es lento, en extremo pausado y anodino. Hay mucho por hacer en una campaña que supera sin empacho las 60 horas de juego, pero realmente muy pocas cosas que recordar.

Las misiones son una fórmula conocida a las que le ha faltado una chispa de inspiración al momento de ser concebidas: alguien ha desaparecido; los suministros de agua se han contaminado, un área necesita limpiarse de zombies. Algunos de estos podrían conducir a buenos momentos de personajes si la escritura fuera un poco más nítida, pero muy rara vez alguna de estas misiones secundarias se sienten como algo importante después de haberlas finalizado. 

Mientras tanto, la moralidad en el juego y en las decisiones que tomamos como protagonista radican en el viejo argumento de “qué facción te gusta más”, en un camino que nos llevará a elegir entre las fuerzas de paz militaristas y los refugiados. Sin embargo, en las misiones, a menudo se trata de decidir si hacer lo malo y obtener más recompensas, o hacer lo bueno, lo que a menudo implicará tener que luchar contra la persona que quiere que hagas lo malo. En ese sentido, ha faltado contexto y matices dentro del guion para que el jugador se vea más involucrado en sus decisiones. En Dying Light 2: Stay Human, los humanos llegan a ser una amenaza más grande que los propios infectados, en una argumento que nos hace recordar a la serie The Walking Dead.

Por otro lado, la personalización y el apartado de inventario del personaje es simple pero efectivo. No esperemos algo complejo al nivel de sagas como The Witcher, Assassin’s Creed o The Elder Scrolls, pero cuenta con los elementos necesarios para mantener entretenido a los jugadores que gustan de los coleccionables, la fabricación de objetos y la exploración.

Y hablando de la exploración, es otro de los apartados que nos puede entregar algunos momentos de satisfacción dentro de Dying Light 2. Aiden es capaz de entrar en cualquier recoveco o alcanzar las cornisas más altas de la ciudad con el parkour… solo es cuestión de encontrar un camino óptimo entre túneles, edificios, ventanas, puentes, tuberías y salientes; y cuidar nuestra estamina al momento de escalar para evitar caer entre un montón de infectados hambrientos que podrían aniquilarnos al instante.

Imagen: Techland

Debo aceptar que las primeras horas de juego en Dying Light 2: Stay Human, aunado a una campaña de marketing para su lanzamiento que prometía mucho, me hicieron ilusionarme enormemente con la entrega de Techland. Sin embargo, conforme fui avanzando esa emoción se fue evaporando de a poco, en un juego que posee una propuesta más que interesante, sobre todo si consideramos que el mundo lleva más de dos años afrontando una pandemia (por lo que los rasgos de identidad están muy presentes), pero que se pierde entre un montón de misiones intrascendentes, mecánicas de juego a las que les hace falta pulirse y sobre todo, una historia carente de chispazos de creatividad que nos hagan querer quedarnos hasta el final… y lamentablemente, para la narrativa no existe un parche que pueda solucionar el problema.

¿Ya jugaste Dying Light 2: Stay Human?

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